jueves, 8 de diciembre de 2016

A través del lienzo, La ruta de las delicias: El Infierno (Parte 1)

El caos y la locura podían respirarse en cada rincón de aquel pintoresco lugar, además de un intenso olor a azufre, Michael no había visto nada parecido en toda su vida. El tiempo jugaba en su contra, el fuego estaba devorando la misteriosa ciudad que asomaba por el horizonte, y su hermana Mary podría estar allí. Era realmente curioso, por más que ardieran, pronto comprendió que aquellos edificios negros nunca terminaban de quemarse, como si las llamas fueran parte de sus fachadas. Podría haberle parecido extraño a cualquiera, pero él sabía perfectamente que aquello era lo más normal que iba a encontrarse por allí. Estaba en el Infierno, tal y como lo había imaginado el Bosco hacía cientos de años en su tríptico de El Jardín de las Delicias. No era la primera vez –ni tampoco sería la última, desde luego– que Mary desaparecía sin avisar antes a Michael, nada le gustaba más que perderse entre los colores de sus lienzos favoritos. Su hermano y ella tenían un don muy especial, podían sumergirse en el interior de cualquier cuadro que acabaran de ver, no tenían más que cerrar sus ojos, dejar la mente en blanco, y concentrarse sólo en la imagen de la pintura. Siempre lo hacían en un lugar apartado del museo, para que nadie pudiera verles esfumarse como por arte de magia, era un secreto que habían prometido no compartir.
Todo era mucho más aterrador que en el museo, aquello estaba lleno de víctimas de las más variadas torturas. Pero lo más escalofriante era, sin lugar a dudas, la identidad de los torturadores. Por todas partes había criaturas fantásticas que, lejos de despertar algo de ternura en su interior, eran totalmente perturbadoras. El ruido del entorno era ensordecedor, Michael apenas podía escuchar sus propios pensamientos, el gran alboroto y la música de unos exóticos instrumentos eran los culpables. La anarquía y la confusión de aquella escena le ayudaron a pasar desapercibido al principio, mientras intentaba llegar a la ardiente ciudad donde podría estar Mary. Sin embargo, su moderna apariencia no tardaría en llamar la atención de aquellos personajes, él era el único extraño en aquel mundo de fantasía. Cuando trataba de cruzar el lago helado que dividía aquel lugar, un pequeño ser con cabeza de colibrí y una larga melena se plantó justo ante él. “¡Otro mortal, otro mortal! –gritaba aquella criatura sin parar, apuntándole con algo parecido a un cetro–, ¡el amo va a ponerse furioso otra vez!”. La música se detuvo sin previo aviso, el silencio se abrió paso entre la algarabía y todos los ojos apuntaron hacia Michael. Un sudor frío empezó a recorrer su espalda de arriba a abajo, era evidente que aquello no podía ser, de ninguna manera, una buena señal. 

Capítulo siguiente:
A través del lienzo, La ruta de las delicias: El Infierno (Parte 2):

El Infierno El Jardín de las Delicias El Bosco
Foto: El Infierno, panel derecho del tríptico de El Jardín de las Delicias (≈ 1500 d.C.)
Art. Jheronimus Bosch (El Bosco)

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