domingo, 27 de noviembre de 2016

Uno de los muertos, Parte 2

La sangre y el dolor habían teñido de rojo y negro los últimos años de su vida, el amable azul del pequeño pueblo costero donde creció quedaba demasiado atrás. Su pasado fue enterrado poco a poco por el paso de los años, y también por los llantos y los ruegos de sus víctimas, aunque su versión de los hechos fuera bien diferente. No era ningún loco solitario, las misiones que cumplía –o, al menos, así es como ellos lo llamaban– venían siempre desde arriba. Los medios hablaban casi a diario de él y los suyos como una banda de criminales, lejos de la idea de justicia que movía cada uno de sus pasos. Y es que la elección de sus blancos nada tenía que ver con el azar, eran ellos los malhechores que debían pagar sus cuentas pendientes.
Sin embargo, al infeliz que había sido secuestrado poco o nada le importaban las razones que movían a aquel grupo de locos. ¿Qué importaba lo que él hubiera hecho?, se lamentaba ingenuamente, ¡aquel tipo de negro no era quién para juzgarle! Y a pesar de que lo pensara de verdad, no podía dejar de llorar y rogar por su vida, tratando de encontrar en su captor algo de aquella compasión que él jamás había tenido. ¿Quién podría haber imaginado que aquel pobre hombre era en realidad un monstruo?, a la mañana siguiente los periódicos únicamente hablarían de una nueva víctima a manos de unos perturbados, y nadie conocería nunca la verdad detrás de aquella muerte. No era la primera vez que aquel hombre fundido con las sombras hacía algo así, ni tampoco iba a ser la última, desde luego. La organización se cruzó por su camino cuando era todavía muy joven, dando algo de sentido a una vida que se presentaba sin rumbo. Y no era una excepción, la mayoría de los que entraban en aquel mundo no eran más que niños que, al igual que él, andaban perdidos por la vida.
Aquel muchacho risueño que un día fue se había esfumado por completo, en su vida ya no había nada más allá de la organización. Su madre seguía preguntándose cada día qué sería de su hijo, aquel niño tan amable y cariñoso que le había regalado los mejores años de su vida. Pero para él era imposible recordar nada de aquello, la oscuridad de su corazón había borrado de su memoria los dulces momentos de su infancia, y también otras muchas cosas. Llegado el momento de poner fin de una vez por todas a aquella escena, su pulso no temblaría lo más mínimo al apretar el gatillo de la pistola, aunque en realidad fuera él quien ya estaba muerto por dentro.

Goodfellas Uno de los Nuestros Martin Scorsese Joe Pesci Robert de Niro Ray Liotta
Foto: Uno de los Nuestros (Goodfellas) (1990) Dir. Martin Scorsese

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